Los gorritas se delatan

Agosto 4th, 2006

Antes que nada aclarar que con gorritas nos referimos a estos críos, antes chandaleros, ahora gorritas, que se definen precisamente por su indumentaria más característica. Estos pibes que van por la vida sin hacer nada, o que en caso de ejecutar acción es precisamente la opuesta a la que podríamos desear.

Gracias a los últimos comentarios de mi artículo anterior sobre este mismo asunto he podido darle una vuelta más de tuerca en mi cabeza a este tema y he sacado una conclusión, quizás evidente, pero que voy a exponer.

Leonaco me preguntaba si en mi opinión existía una marginación social hacia estos chicos y chicas.

Bien. Sí. Ciertamente es posible que exista esa marginación social. Pero, ¿de donde surge? ¿es cierto que la sociedad margina a la gente, o a los chicos, de los barrios? ¿o es la actitud de muchos de estos pibes lo que causa que aparezcan síntomas de rechazo y marginación? ¿que fue primero? ¿el huevo o la gallina?

Yo creo que hay mucho de falta de educación, que a su vez ha generado que se genere automarginación. Y esta es la clave.

Es fácil para estos chicos darse una vuelta por zonas adineradas de la isla. Y es fácil comparar lo que ven con el barrio donde viven. Es fácil sentirse así marginados. Ese sentimiento es el primer paso para automarginarse y autoexcluirse de la sociedad, como método alternativo a afrontar la realidad. Insisto en que en todo esto tiene mucho que ver la educación recibida. Alguien con poca visión de futuro, que ha recibido una mala educación, será mucho más susceptible, ante una comparación como la que comento, a caer en una dinámica negativa. Contrariamente, alguien con la cabeza bien amueblada, que ha recibido una mejor educación, ante la misma situación, en lugar de automarginarse o autoexcluirse, quizás por el contrario se acabará motivando para alcanzar un futuro mejor, o al menos, de lo que se trata, una mejor posición económica. Porque la posibilidad de currarse algo mejor está ahí.

Estos pibes automarginados no saben valorar lo que tienen y, en definitiva, es así porque les ha venido regalado. Por otro lado, como no podía ser de otra manera, quieren más de lo que tienen, pero lo quieren, igualmente, regalado. Es a lo que están acostumbrados. Y esto es lo que yo encuentro clave. Esa actitud no es la actitud de alguien que lo ha pasado mal, de alguien que ha tenido necesidades reales. Si lo analizamos es prácticamente la misma reacción que tiene los niños ricos, los niños de dinerito cuando quieren más. Obviamente con la diferencia de que cada uno reacciona en función de su condición, y sus actos posteriores son igualmente en función de su condición. Los pibes automarginados reaccionan con ira, porque quieren más, mucho más, pero no ven la forma de conseguirlo sin esfuerzo. No está a su alcance de esa manera. Y esa ira la expresan y la demuestran de la única forma que saben, claro.

Si comparamos esta situación con la de niños de otras épocas, o de otros lugares, donde se pasa realmente mal, donde la marginación es tangible, podremos comprobar que su reacción es totalmente la contraria. Los niños que vienen de sufrir el hambre son mucho más lúcidos, saben lo que es pasarlo mal, y si se les da la oportunidad, demuestran que han desarrollado capacidad de esfuerzo y de superación, por haber pasado precisamente penurias. Por supuesto, esto es algo que estos gorritas no demuestran.

Con su actitud ellos mismos se delatan.

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