Los políticos

Noviembre 8th, 2008

Esta semana, leyendo algunos comentarios de los lectores de El País acerca de la victoria de Obama, hubo uno que me llamó la atención. Decía algo así como: “Da igual uno que otro. Los dos son políticos.”.

Al margen de ser un comentario carente de criterio por completo, me llamó la atención porque esconde une realidad de la que me he venido dando cuenta desde que era adolescente.

Hace ya unos cuantos años participe (o lo intenté) en las labores de extinción de un gran incendio en Tenerife. Estando en la plaza de un pueblo cercano al incencio, escuché a unos ancianitos sentados en un banco mascullando cosas. Enfadados, con un cierto tono de resignación,  aunque con absoluta rotundidad,  afirmaban: “La culpa de todo esto es de Felipe González”.

La instantanea me hizo bastante gracia y es una frase de la que que me apropié, como chiste, desde ese momento (sustitúyase Felipe González por ZP, o quien se quiera) para cuando pasa algo malo, lo que sea, “La culpa es de Felipe González”. Es una algo que ya había oído muchas veces antes, eran tiempos de crisis para el gobierno socialista, pero probablemente nunca tan fuera de contexto. Me pareció muy anecdótico, puesto que seguramente durante la gestión de esa crisis se cometieron errores, miles, desde todos los estamentos gubenamentales, locales, regionales y probablemente estatales, pero personalizar el problema en esta única persona era irrisorio. Como si el canalla pirómano que estaba haciendo añicos la isla fuera un enviado del mismísimo Felipe González.

Es evidente que, tanto el diálogo de los abuelitos como el comentario del usuario de internet, son dos simples anécdotas. Dos comentarios lanzados al aire, un poco sin sentido, por personas radicalmente diferentes en entornos absolutamente opuestos. Pero, aun así, el trasfondo que existe es exactamente el mismo.

La crítica hacia los políticos es gratuita. Tanto es así, que el problema que subyuga es precisamente su condición de políticos.

Es evidente que hay que criticar la tarea de los políticos, porque la responsabilidad que asumen es inmensa, tanto, que juega un papel fundamental en el desarrollo de nuestras vidas y de las vidas de los que vendrán. Su labor ha de hacerse bien. Sí o sí. Yo, particularmente, me sumo muchas veces a esa tarea de crítica. En ocasiones con opiniones más acertadas, otras menos, unas con más conocimiento del trasfondo real, y otras con menos. Pero desde luego lo hago.

Sin embargo, el problema de los políticos, no es que sean políticos, como decía el lector de El País, porque para serlo solo hay que presentarse, y que a uno lo elijan. El problema de los políticos es que son humanos. Como el lector, como los ancianitos, como yo y como tú, que estás leyendo esto.

Siempre se critica al político, que si roba, que si se aprovecha, que si hace esto, que si deja de hacer lo otro. Como si el resto de la humanidad fuera perfecta, nunca se aprovechara o nunca se equivocara. Prácticamente todos los hacen, cada uno en su contexto. Hay quien se lleva una toalla de un hotel o evade el pago de impuestos, que es lo que tiene a mano, y quien pone a su primo en un cargo o desvía fondos reservados a su cuenta en Suiza, que es lo que tiene a mano.

Los políticos no son más que lo que originalmente se supone que deben ser, una representación de la sociedad. Y si hay políticos pillos, ladrones, garrulos, gañanes y/o soberbios, que los hay, y muchos, es por algo. Cuántos de los que critican por criticar, como el lector de El País, como los abuelitos, no hubieran robado, a su manera, o hubieran tenido las mismas meteduras de pata, o peores, si hubieran sido alcaldes, concejales o diputados.

No estoy exculpando a los políticos con este comentario. Ni muchísimo menos. Tienen el deber de hacerlo lo mejor que se pueda, y la mayoría, por ideología, por presiones, por falta de formación, información u objetividad, por malos consejos, o simplemente por sobervia, no lo hace.

Lo que vengo a expresar en esta reflexión es que, para la amplia mayoría de la población, los políticos no son más que una figura de expiación de todos los males, propios y ajenos. Una herramienta multiusos para conformistas y derrotistas, para cuando las cosas van mal o no todo lo bien que deberían. Alguien en quien cagarse para no asumir que todos deberíamos ser mejores. Y mientras protestan, no hacen lo más mínimo por que el mundo sea un poco mejor y, por no tener, demuestran no tener ni opinión. La opción cómoda es resignarse a la idea de que la culpa de todo es de los políticos y conformarse con haberlo expresado. Ego me absolvo.

Pero, lo peor de esta situación, es que con esa crítica gratuita asegurada hacia los políticos, se desanima al honesto que podría hacer una gran labor como político, y por contra, se alienta al que cuyo objetivo de antemano es perverso. “Si igualmente me van a machacar, ¿Para qué dejarme la vida en hacerlo bien?” ¿Verdad? “Lo mejor será sacar algún beneficio” ¿No lo haría la mayoría?

Archivado en la categoría Hipocresía, Opinión, Política, Sociedad, The Spanish Way

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