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Compartir cultura y otras milongas

Compartir cultura no es robar.

Esta es la premisa más extendida actualmente entre la sociedad, especialmente entre la gente joven. Tanto es así, que la proclama es defendida con verdadera behemencia en multitud de foros, suscitando un interés casi desmedido, que incluso han impulsado la ejecución de protestas callejeras. Por supuesto siempre bajo el paraguas de esa idea tan idílica de la cultura libre.

Ciertamente pocos temas han removido tanto los ánimos entre la juventud durante los últimos años como los originados en este debate: que si el canon, que el si el P2P, que si los derechos de autor.

La verdad, a menudo me extraña y sobretodo me escama, la pasión incondicional que ha desatado esa defensa acérrima de la cultura. Un cultura que, por otro lado, llevaba muchos años indefensa y desprotegida, y es ahora objeto de culto y protección por parte de la gente joven.

Antes se luchaba por los derechos civiles, por la paz mundial, ahora por la cultura ¡Es tan bonito! A veces me emociono tanto que me dan ganas de cantar el we are the world.

¡Venga ya! Hablemos claro y con propiedad, y llamemos a las cosas por su nombre.

A la la gente le importa una mierda la cultura (le importa una mierda todo lo que no sean sus propios intereses) lo que no quieren es perder el chollo, ahora que pueden, de la músiquita y las peliculitas gratis. Todo lo demás que me quieran contar son milongas.

Porque empecemos desde el principio.

¿Qué es cultura?

Nadie jamás va a convencerme de que el último puto disco del Bisbal debería ser catalogado como jodida cultura ¡Acabáramos!

Tradicionalmente la música ha sido parte del folclore y la cultura popular de los pueblos. Pero, ¿No cabe preguntarse si esta concepción de música y cultura sigue teniendo vigencia en nuestros días?

Está muy claro. Hubo un punto en nuestra historia en el que se empezó a crear música como un producto más, como el que fabrica galletas o tubos de escape. Y un producto tiene una condición intrínseca per se: su comercialización.

Por tanto, ¿Cultura? ¡No señores! Podríamos abrir una agitada discusión entre la manera de discernir música-cultura y música-producto. Pero lo que está claro es que esto último existe y es sobre este espectro de la música sobre el que se agita esta cruenta batalla entre los que quieren beneficios y entre los que quieren productos gratuitos. Porque todo se reduce a eso.

¿Es lícito que discográficas o artistas quieran lucrarse? Que alguien me explique el motivo por el que no debiera serlo ¿Es que no estamos en una economía de libre mercado? Ellos crean un producto y ellos le ponen el precio que quieran ponerle ¿O es que debería funcionar de otra manera? ¿O solo vamos a aferrarnos al sistema para lo que nos interesa?

Dicho esto, se esfuma toda esta historia de cultura libre y demás sandeces. Porque estoy plenamente de acuerdo en que la cultura debe de estar al alcance de todos. Pero denominar cultura a un producto manufacturado es pervertir la concepción de la misma.

Entonces, si las cosas están así, ¿Cuál es el motivo de la protesta?

Los derechos de autor.

Últimamente parece que nombrar los derechos de autor es un sacrilegio. A estas alturas resulta que parece obsceno que los autores tengan derechos. Claro, es normal, porque si reconocemos los derechos de autor, o lo que es lo mismo, los derechos de explotación de su obra, nos quedamos sin argumentos para negarnos a abonar los mismos. Porque, ¿Qué es lo que ocurre? ¿Que no deberían tener derechos de explotación de las obras que crean? Pero, ¿Con qué argumento? ¿Alguien me lo quiere explicar? ¿Alguien me quiere explicar por qué el fruto de la creatividad de los artistas, su trabajo, debe no valer nada?

¿Qué autoridad tiene nadie, que quiera que el fruto de su propio trabajo, ya sea físico o intelectual, merezca remuneración, para pretender que el trabajo de otras personas no lo merezca?

El trabajo de una persona se supone que vale en función de la importancia, la dificultad, la responsabilidad y/o el interés que despierte. Y resulta que la música despierta mucho, muchísimo interés. No es justo que porque la tecnología permita ahora que el fruto del trabajo de los artistas se pueda empaquetar en cadenas de bits y pueda ser copiado infinitas veces sin apenas coste, deje de pronto de tener valor.

El modelo de negocio.

Efectivamente, el modelo de negocio de los artistas está sometiéndose a un cambio radical. La venta por copia física está desapareciendo. La tecnología actual ha generado la demanda de nuevos sistemas más inmediatos, eficaces y ajustados a las necesidades de cada individuo. No obstante, la necesidad de nuevos modelos de negocio no puede ser utilizada como argumento torticero para justificar la piratería.

Y me refiero al clásico argumento burdo de que la música debe ser “libre” y que el modelo de negocio de los artistas debe basarse en otras actividades paralelas, como conciertos, merchandising, etc.

¡Pero bueno! ¿Qué milongas están contando? ¿Quiénes somos para obligar a una determinada industria a que establezca un determinado modelo de negocio? Un modelo de negocio podrá ser o no ser éxitoso, pero ¿Quiénes somos para establecer de forma casi cohercitiva la forma que tienen otros de ganar el dinero?

El asunto es claro. Ellos producen música, ellos le ponen precio ¿Te parece caro? Pues no obtengas el producto. Punto y se acabó. Oferta y demanda. No hay más vueltas que darle al asunto.

Pero claro, desde el momento en el que introduces la posibilidad de que unos obtengan lo que otros producen sin que estos últimos obtengan nada a cambio, se rompe el equilibrio natural y se establece una situación de injusticia e indefensión. Sí, he dicho de injusticia e indefensión. Que no me venga nadie con que los artistas son ricos y los demás pobres. Si son ricos es precisamente porque la sociedad ha valorado y pagado el fruto de su trabajo. No vale decir ahora que son ricos ¡Pues no haberlos hecho ricos!

Repito. Porque la mayoría no lo entiende o no quiere entenderlo. Oferta y demanda. Ellos crean un producto y le asignan un precio ¿No quieres pagar lo que cuesta? Pues no lo adquieras. Nadie te obliga. Confórmate con escucharlo en la tele o en la radio ¿Quieres escucharlo donde y cuando quieras? Es decir, tener posesión de esa música, Pues deberá costarte algo. Porque bajo esas condiciones la crean. Y si no quieres nada de eso, pues escucha música libre de derechos o cómprate una pandereta y haz tu propia música, como hace Manu Chao.

Como dice César Martín, que es una persona que se atreve a decir siempre lo que piensa sin entrar nunca en populismos lamentables y facilones: Robar es robar. Así de claro.

Lo que ocurre es que, ahora, desde la cómoda posición de consumidores ultraenvalentonados, P2P mediante, es muy fácil adoptar posturas contra los autores – “¡Que se jodan!” – ¿Que se jodan? Pero, ¿En qué quedamos? ¿Que se jodan los que me proporcionan tu música y tus películas favoritas? ¡¿Por qué queremos que se jodan?! Un día de estos ese conflicto interno bipolar va a matar a más de uno.

En fin, habrá quien piense que estoy haciendo con esto una defensa de las asociaciones de artistas y discográficas en su guerra particular. Pero, ¡Rotundamente NO!

Las discográficas.

Las discográficas no son precisamente santo de mi devoción. Por muchos años han hecho el agosto difundiendo “artistas” y “música” prefabricada que aborrezco profundamente. Pero si con ello se han lucrado es porque la sociedad ha sido sumamente vulgar. Desde luego a nadie le han puesto una pistola en el pecho para que comprara el CD de las Spice Girls u otras bazofias de las que, pasado un tiempo, todos se avergüenzan. Ellos han creado productos y la gente los ha comprado masivamente ¿Dónde está el problema? Seguramente en la estupidez de la gente.

La cuestión es que mi animadversión personal contra las discográficas no me impide ser objetivo a la hora de analizar los intereses que mueven a cada parte del conflicto. Y salvo una pequeña minoría que verdaderamente defiende una cuestión puramente idealista de cultura libre, a la inmensa mayoría de nosotros, consumidores, lo único que nos importa es nuestro propio bolsillo. Y de ahí el revuelo.

¿Es que son malas porque quieren ganar dinero? Ah, ¡Claro!, ¡Me olvidaba de la absoluta filantropía que inunda esta sociedad! Me olvidaba que nadie en este mundo quiere ganar dinero. Pues, que quieren que les diga, señores, hay que tener mucha cara para criticar a nadie o a ninguna empresa por querer ganar dinero, salvo que la forma de hacerlo caiga en la inmoralidad. Y no es el caso, señores. Nadie en su sano juicio puede calificar su negocio de inmoral.

Que ¿La música era y es cara? Vuelvo a lo mismo. La oferta y la demanda lo coloca todo en su sitio. Y mientras no existía el elemento desequilibrate de las redes P2P, las discográficas se forraban. Así que tan cara no debía ser si la industra funcionaba (¡y vaya si funcionaba!)

Sí estoy de acuerdo en que el precio de la música era excesivo, y que abusaban de su posición dominante. Pero bueno, ¡No dejaba de ser lícito! No hablamos de medicinas o productos de primera necesidad, al fin y al cabo hablamos de ocio ¿Lo quieres? Cómpralo ¿No lo quieres? No lo compres.

¿Es justo que la sociedad, estando ahora en posición dominante, les devuelva la pelota? No vamos a engañarnos, podría serlo hasta cierto punto, pero no olvidemos que fue la sociedad la que hizo rica a las discográficas. Si tan abusiva nos parecía su posición, ¿Por qué no las boicoteamos en su momento? ¿Por qué nadie hizo nada?

Invocar ahora a esa injusticia pasada no es más que un pretexto para justificar algo que sabemos que está mal.

Las sociedades de autores y el canon.

Las sociedades de autores se han comportado históricamente como una verdadera mafia organizada que flaco favor han hecho a la imagen de los propios autores. No creo que haya que explicar esto demasiado, a la vista de todos está.

Me da la impresión de que los autores se han sumido por inercia en unas organizaciones sobre las que no han debatido su finalidad y moralidad cuando era necesario. Y ahora, cuando las cosas no van tan bien, simplemente han sido fagocitados por dichas organizaciones, dejándose llevar por su postura, sea cual sea, en defensa de sus intereses. Un poco del modo en el que el movimiento nacional-socialista se alzó arrastrando a las masas.

Por supuesto, no trato de eximir la responsabilidad directa de los autores en esta situación. Ellos, como socios, han permitido que estas sociedades actuaran sin escrúpulos.

Uno de los ejemplos de escasos escrúpulos se materializa en el dichoso canon ¿Qué decir del canon? Pues que es una auténtica barbaridad y una inmoralidad. Como me dijo una vez mi novia (que para eso es la culta) a lo que más se parece el canon es a un impuesto medieval.

Entiendo que los autores quieran defender de alguna manera sus derechos, pero posicionarse a favor del canon es absurdo y además les pone en contra a toda la sociedad.

Los autores deben asumir la realidad.

Los autores deben entender que las cosas han cambiado, y para siempre. En primer lugar deben salir del estado de pánico, promovido en gran medida por las propias sociedades de autores y las discofráficas, que son quienes más tienen que perder con el cambio. Deben que dejar de llorar por las esquinas y dejar de echar pestes de “internet”. La sociedad no acepta que un grupo de personas, cuyas cabezas más visibles son unos auténticos privilegiados desde el punto de vista económico, se quejen precisamente de cuestiones económicas.

Las cosas nunca van a volver a ser como eran antes. Se acabaron las grandes tiendas de discos. Los dinosaurios discográficos están muriendo. Las  sociedades de autores están cavando sus tumbas.

Pero son los autores, y solo los autores, quienes pueden y deben darle la puntilla final a dichas sociedades y a sus discográficas, acabar con los agoreros, y comenzar a trabajar en la búsqueda de soluciones reales. Deben poner a la sociedad de su lado y facilitarles la vida para que puedan consumir.

Las cosas pueden ser aun mejor a parir de ahora, tanto para los propios autores como para la diversidad musical. Hay que ofrecer más y mejor. Prescindir de intermediarios. Posicionarse fuertemente ante los distribuidores de música digital, como iTunes, para que rebajen los precios y eliminen por completo los DRMs. Apoyar masivamente nuevas fórmulas como Spotify y otras que vayan surgiendo.

No puede ser que, sean otros, y no los propios artistas los que hayan creado y promovido nuevos modelos de negocio como iTunes y Spotify. No puede ser que sigan lamentándose mientras son otros los que buscan soluciones para ellos.

Hay que dejar de mirar hacia atrás, abandonar la caza de brujas, asumir el presente y mirar hacia adelante con un poco más de inteligencia. Y tienen que ser ya, tienen que actuar rápido, porque ya están llegando muy tarde y han perdido casi todo en el camino.

Hacer un comentario Diciembre 31st, 2009

Arantza Quiroga y el preservativo

Yo nunca usaría el preservativo, dice, la susodicha ¡Claro que sí! Sabes perfectamente que ¡A pelo da muchísimo más gustirrinín ¡Dónde va a parar!

Si es que, viéndola, tan recatadita ella, tan pulcra, con su canesú, me recuerda a ese tipo de personas (¡Y no me refiero a e ella! ¡Válgame Dios! ¡Solo digo que me recuerda!) que en la intimidad luego le da al sadomaso que da gusto. O bien que no lo llegan a practicar, pero lo desean con ardor y se autofustigan por tener tales sucias y impúdicas perversiones. Que no deja de ser masoquismo, ¿no?

3 comentarios Abril 4th, 2009

Legislar a golpe de suceso

El Estado castiga a gente que ha cometido actos inhumanos con sanciones inhumanas. El debate que debería abrirse es otro: averiguar y examinar las causas de la delincuencia.

Octavio García, profesor de Derecho Penal de la Universidad de Málaga, en un artículo en El País sobre la cadena perpetua.

Hacer un comentario Febrero 25th, 2009

Nacionalismos (II)

Los nacionalismos son la materialización del egoismo a nivel colectivo.

(Resumen de lo que escribí sobre nacionalismos hace ya casi dos años y medio)

3 comentarios Febrero 7th, 2009

Tomar medidas impopulares

En el ámbito político existe una máxima que consiste en evitar, en lo posible, la toma de medidas impopulares.

Haciendo una analogía, si los políticos son los padres y el pueblo son sus hijos, lo que, por lo general, hacen los políticos es tomar decisiones tratando de no enfadar demasiado a los niños.

¿Qué opinión nos merecen este tipo de padres? ¿Qué ocurre generalmente con ese tipo de niños? Por supuesto que crecen con los valores tergiversados, malcriados e insolentes. Por tanto ¿Quiénes salen perjudicados en última instancia?

Precisamente una de las tareas políticas más importantes debería ser la de avanzar, tomando las mejores decisiones, a pesar de la opinión popular, dejando de lado el cortoplacismo y pensando en el medio y especialmente en el largo plazo.

Por lo general esto no ocurre, el político suele ser permisivo. Generalmente más permisivo cuanto más cercano se está del ciudadano (en administraciones locales). Al final se piensa solo en votantes, no en ciudadanos ni en su futuro. Así pasa lo que pasa, que se acaba haciendo todo lo contrario de lo que se debería hacer. Y por supuesto, cuando llega la excepción, se arma.

Hacer un comentario Diciembre 3rd, 2008

Los políticos

Esta semana, leyendo algunos comentarios de los lectores de El País acerca de la victoria de Obama, hubo uno que me llamó la atención. Decía algo así como: “Da igual uno que otro. Los dos son políticos.”.

Al margen de ser un comentario carente de criterio por completo, me llamó la atención porque esconde une realidad de la que me he venido dando cuenta desde que era adolescente.

Hace ya unos cuantos años participe (o lo intenté) en las labores de extinción de un gran incendio en Tenerife. Estando en la plaza de un pueblo cercano al incencio, escuché a unos ancianitos sentados en un banco mascullando cosas. Enfadados, con un cierto tono de resignación,  aunque con absoluta rotundidad,  afirmaban: “La culpa de todo esto es de Felipe González”.

La instantanea me hizo bastante gracia y es una frase de la que que me apropié, como chiste, desde ese momento (sustitúyase Felipe González por ZP, o quien se quiera) para cuando pasa algo malo, lo que sea, “La culpa es de Felipe González”. Es una algo que ya había oído muchas veces antes, eran tiempos de crisis para el gobierno socialista, pero probablemente nunca tan fuera de contexto. Me pareció muy anecdótico, puesto que seguramente durante la gestión de esa crisis se cometieron errores, miles, desde todos los estamentos gubenamentales, locales, regionales y probablemente estatales, pero personalizar el problema en esta única persona era irrisorio. Como si el canalla pirómano que estaba haciendo añicos la isla fuera un enviado del mismísimo Felipe González.

Es evidente que, tanto el diálogo de los abuelitos como el comentario del usuario de internet, son dos simples anécdotas. Dos comentarios lanzados al aire, un poco sin sentido, por personas radicalmente diferentes en entornos absolutamente opuestos. Pero, aun así, el trasfondo que existe es exactamente el mismo.

La crítica hacia los políticos es gratuita. Tanto es así, que el problema que subyuga es precisamente su condición de políticos.

Es evidente que hay que criticar la tarea de los políticos, porque la responsabilidad que asumen es inmensa, tanto, que juega un papel fundamental en el desarrollo de nuestras vidas y de las vidas de los que vendrán. Su labor ha de hacerse bien. Sí o sí. Yo, particularmente, me sumo muchas veces a esa tarea de crítica. En ocasiones con opiniones más acertadas, otras menos, unas con más conocimiento del trasfondo real, y otras con menos. Pero desde luego lo hago.

Sin embargo, el problema de los políticos, no es que sean políticos, como decía el lector de El País, porque para serlo solo hay que presentarse, y que a uno lo elijan. El problema de los políticos es que son humanos. Como el lector, como los ancianitos, como yo y como tú, que estás leyendo esto.

Siempre se critica al político, que si roba, que si se aprovecha, que si hace esto, que si deja de hacer lo otro. Como si el resto de la humanidad fuera perfecta, nunca se aprovechara o nunca se equivocara. Prácticamente todos los hacen, cada uno en su contexto. Hay quien se lleva una toalla de un hotel o evade el pago de impuestos, que es lo que tiene a mano, y quien pone a su primo en un cargo o desvía fondos reservados a su cuenta en Suiza, que es lo que tiene a mano.

Los políticos no son más que lo que originalmente se supone que deben ser, una representación de la sociedad. Y si hay políticos pillos, ladrones, garrulos, gañanes y/o soberbios, que los hay, y muchos, es por algo. Cuántos de los que critican por criticar, como el lector de El País, como los abuelitos, no hubieran robado, a su manera, o hubieran tenido las mismas meteduras de pata, o peores, si hubieran sido alcaldes, concejales o diputados.

No estoy exculpando a los políticos con este comentario. Ni muchísimo menos. Tienen el deber de hacerlo lo mejor que se pueda, y la mayoría, por ideología, por presiones, por falta de formación, información u objetividad, por malos consejos, o simplemente por sobervia, no lo hace.

Lo que vengo a expresar en esta reflexión es que, para la amplia mayoría de la población, los políticos no son más que una figura de expiación de todos los males, propios y ajenos. Una herramienta multiusos para conformistas y derrotistas, para cuando las cosas van mal o no todo lo bien que deberían. Alguien en quien cagarse para no asumir que todos deberíamos ser mejores. Y mientras protestan, no hacen lo más mínimo por que el mundo sea un poco mejor y, por no tener, demuestran no tener ni opinión. La opción cómoda es resignarse a la idea de que la culpa de todo es de los políticos y conformarse con haberlo expresado. Ego me absolvo.

Pero, lo peor de esta situación, es que con esa crítica gratuita asegurada hacia los políticos, se desanima al honesto que podría hacer una gran labor como político, y por contra, se alienta al que cuyo objetivo de antemano es perverso. “Si igualmente me van a machacar, ¿Para qué dejarme la vida en hacerlo bien?” ¿Verdad? “Lo mejor será sacar algún beneficio” ¿No lo haría la mayoría?

1 comentario Noviembre 8th, 2008

Sueño americano

El resto del mundo no tiene un sueño americano, porque andamos despiertos.

América se acaba de despertar.

Leido en un comentario en El País.

1 comentario Noviembre 5th, 2008

Cho Vito, algunas verdades

Son excepcionales los casos en los que la clase política, en su totalidad, la prensa, en su totalidad y la opinión pública se ponen de acuerdo de una misma cosa. Es tan raro, que asusta, y con razón.

Para los que no estén al tanto, Cho Vito es una muy pequeño conjunto de viviendas en el litoral del municipio de Candelaria, en Tenerife. La semana pasada se procedió a la demolición de 23 de estas viviendas, a tenor de la ley de costas, drama que provocó el seguimiento de medios nacionales, y masivamente, regionales.

Desde niño me llevan diciendo que las verdades a medias son peor que las mentiras. Así pues, voy a contar algunas verdades sobre el caso Cho Vito que no se han contado, o si se han hecho se han hecho tan tímidamente y a destiempo, que, para el caso, es lo mismo que si no se hubieran contado.

¿Los motivos de que no se hayan contado? Los desconozco. No sé si es para que la noticia vendiese más (misión cumplida), por miedo a la impopularidad por parte de la prensa (que vergonzoso sería esto), o simplemente porque ya no quedan periodistas de verdad. No sé cual de las opciones es más descorazonadora.

Empiezo.

Verdad 1

Las viviendas eran ilegales. Se construyeron sin titularidad sobre el terreno, es decir, “aquí me hago mi casa, porque me da la gana”, y por supuesto sin ningún tipo de licencia o permiso.

Esto se ha dicho en medios, pero muy sutilmente, tanto que la impresión que se ha dado es que la actuación consistió en el cruel derribo de las propiedades una personas sin ningún tipo de piedad, y en total indefensión.

Verdad 2

Los afectados hacía años que conocían a la perfección la situación, y por supuesto habían hecho todo lo posible por evadir el cumplimiento de la ley. Incluyendo el muy viejo truco (aconsejado con toda seguridad por sus abogados) de esconderse. Es decir, evitar de todas las formas posibles que la recepción de las notificaciones legales, para posteriormente argumentar que en ningún momento se les notificó nada.

Esto se ha obviado bastante en medios, dado que las imágenes que repetían una y otra vez mostraban frases de los afectados como: “no me han dejado ni entrar a por mis cosas”. Hacía años que estaban en aviso de que dichas construcciones ilegales iban a ser derribadas y habían sido perfectamente notificados de que el martes iba a ser el día.

Verdad 3

Se ejecutó el derribo de 23 viviendas. Pero una cosa que a penas se insinuó es que hubo algunas viviendas que no entraban en el derribo. Vaya, parece que a alguien se le olvidó comentar este pequeño detalle.

¿Y por qué algunas no entraban en el derribo? Pues porque se derribaron solo las casas de aquellos que ya disponían de, al menos, otra vivienda, y por tanto, para los que su casita en la playa suponía su segunda residencia (incluso para algunos hasta tercera, si no estoy mal informado) ¿Pobres? Vaya.

Verdad 4

A los habitantes de las viviendas que no fueron derribadas, por no tener otro lugar, se les va a proporcionar una vivienda de protección oficial. Por ello que se les permite seguir viviendo en Cho Vito, hasta que eso ocurra. Según tengo entendido, la VPO se les va a proporcionar sin coste. Aunque, corríjanme si estoy equivocado este último punto. En todo caso van a poder acceder a una vivienda.

Es decir. La premisa es que nadie se va a quedar en la calle. Todo lo contrario de lo que han querido vendernos.

Por otro lado, menudo precedente, yo me hago una casa donde me da la gana, y cuando me la derriban me dan una nueva ¿Moraleja?

Por supuesto estoy totalmente de acuerdo a que se facilite acceso a una vivienda a aquellos que necesitándola, no pueden acceder a tener una de ninguna manera.

Verdad 5

Siendo segundas residencias, ¿qué uso hacían de las mismas?

Para algunos era la casita de veraneo o de fines de semana, donde hacerse las paellas, a gustote, en primera línea de mar. En la misma orilla.

Para otros era simplemente una fuente de ingresos adicional, pues muchas de las viviendas estaban arrendadas. Dándose el caso de que uno de los afectados tenía hasta tres de estas viviendas arrendadas.

Se acabó el negocio.

Desconozco qué ha pasado y en que siuación estaban los arrendadores de las viviendas. Supongo que son realmente los principalmente afectados.

Verdades 6 y 7

Muchos han argumentado que Cho Vito era un arraigado pueblo de pescadores. En algunos medios incluso se llegó a comparar con otros emplazamientos, realmente arraigados y de pescadores, con más de 100 años de antigüedad.

De arraigado nada.

Aconsejados seguramente por sus abogados, intentaron declarar Cho Vito como BIC (Bien de Interés Cultural) con el único objetivo de evitar el derribo, pero la entidad encargada de conceder dicha calificación, el Cabildo de Tenerife, la desestimó ¿Y por qué lo hizo? Porque no era, de ninguna manera, un Bien de Interés Cultural, era un conjunto de viviendas a la orilla del mar, alguna con cierta antigüedad, pero la mayoría no. Sin más.

De pescadores nada.

Sí. Es cierto que algunos de los habitantes de Cho Vito pescan. Efectivamente,  y por lo que me he enterado sin permisos, ni licencia de ningún tipo.

Vaya.

Verdad 8

Si en su momento me construí una casita en la orilla del mar, de la cual disfruto cuando quiero (o bien me aporta unos beneficios extra), y ahora me la van a quitar, me cabreo. Lógico, ¿Verdad?

¿No haría la mayoría casi cualquier cosa por intentar evitarlo?

El agravio

El único argumento comprensible de todas las quejas es el agravio ¿Y por qué Cho Vito? ¿Por qué no algunas casas de ricos u hoteles que están también en la costa?

Desde luego, mi deseo, y debería ser el de todos, es que se recupere la costa. Y espero que, por supuesto, caigan todas las casas y construcciones, de ricos y no ricos, que estropean el litoral.

Y bueno, en proceso están otras tantas construcciones en toda españa, hoteles de lujo incluídos. Supongo que todo se andará, y si no se anda, habrá que darle un empujón, pero eso no significa que los Cho Vitos que hay esparcidos por el territorio no haya que tirarlos de igual forma, ya sea hoy, mañana o el año que viene.

Por otro lado, si toda la energía invertida en manifestaciones pro Cho Vito, con insultos y amenazas de muerte al alcalde de Candelaria, a su familia y a todo el que se meneara por ahí, incluidas. Si toda esa energía, repito, se invirtiese en denunciar aquellas construcciones que, estando también en el mar, parece que todavía no están señaladas, otro gallo nos cantaría.

La farsa

Así pues, todo esto ha sido una farsa. Una farsa en la cual han caído absolutamente todos. No hay medio, televisión, radio o prensa escrita, que no se haya lamentado de la injusticia, y que no haya hecho incapié en el drama, sin haber indagado lo más mínimo, tan solo transmitiendo lo que los afectados contaban ¿Eso es periodismo?

Un farsa en la cual se han sucedido una serie de declaraciones políticas, a cual más vergonzante y a cual más absurda.

Para todos la culpa ha sido de costas. Para todos costas es malísimo. Es el ogro que se dedica a dejar en la calle a pobres ciudadanos de forma cruel, de forma totalmente arbitraria. Por supuesto para los interesados, en búsqueda del voto perdido, costas es Madrid, y Madrid es mala con los Canarios (Habla, canario, habla. Pero ni se te ocurra pensar)

En definitiva. Se ha defendido a capa y espada el interés de unos particulares que lo que hicieron en su momento fue quebrantar la ley. Pero lo peor es que, en todo este circo mediático, se ha demonizado al unísono el objetivo de recuperar el litoral español.

Eso sí me parece un drama.

12 comentarios Octubre 15th, 2008

Pedófilos de todas las marcas

No he podido resistirme a publicar aquí un comentario que he hecho en el artículo de El País referido a un teólogo marroquí que promueve la pedofilia a su manera y se queda tan ancho, aquí va el comentario:

¡Qué gran diferencia entre los religiosos islámicos y los católicos! Y me refiero a la discreción. Mientras este tipo se permite el lujo de ampararse en una interpretación fanática de su religión para divulgar sus deleznables pensamientos a los cuatro vientos, nuestros religiosos son muchísimo más discretos, haciéndolo a escondidas desde hace décadas, y al amparo de la iglesia. De una forma muchísimo más civilizada, ¡Qué duda cabe!

Supongo que este artículo suscitará muchísimas reacciones xenófobas, o pseudo-xenófobas, pues, ¡A mi me dan el mismo asco los unos y los otros!

2 comentarios Septiembre 12th, 2008

¿Low cost?

Empujado por la noticia trágica de esta semana voy a escribir, aun pareciendo ventajista, sobre una idea que me rondaba hace ya unos cuantos años.

¿Cómo puede existir el Low Cost aéreo? ¿Cómo pretendemos que volar dos mil kilómetros en una aeronave tenga un coste de 39,99 euros? ¿Es real todo esto del LowCost? ¿O se trata de una auténtica burbuja que ha empujado a la histeria colectiva a las compañías de transporte aéreo de corte tradicional?

Tras darle unas pocas vueltas, me encuentro con la dicotomía con la que siempre me encuentro en casi todo lo que analizo referente al comportamiento humano y la realidad de las cosas.

Las empresas son empresas, y se comportan exactamente igual que las personas: quieren ganar dinero, cuanto más mejor, y por supuesto no quieren perder dinero. Las aerolíneas, por supuesto, no iban a ser diferentes.

Las erolíneas hacen frente a monstruosas inversiones de infraestructura y mantenimiento. Adquieren aeronaves cuyo coste es muy elevado. Hablamos, dependiendo del avión, de más de cien millones de euros. Es decir, más de quince mil millones de pesetas, ¡quince mil millones! ¡cada avión! (que alguien me corrija si estoy equivocado, pero en todo caso hablamos de muchísimo dinero). Aviones cuyo coste de mantenimiento, por supuesto, es altísimo. El combustible que se utiliza en cada vuelo se mide en miles de litros (no te quejes del consumo de tu 1.6), ¡miles de litros cada vuelo! El personal, pilotos, mecánicos, es altamente especializado, no es precisamente un personal que pueda conseguirse en una ETT, y por tanto tienen saliarios acorde a su especialización y responsabilidad. Por no hablar del mantenimiento y coste de toda la infraestructura empresarial, oficinas, sedes, hangares, etc.
¿Cómo pretendemos que todo esto sea sostenible si los vuelos cuestan 20, 30 o 40 euros? Si un avión medio tiene de capacidad 150 personas, rara vez van llenos, y los billetes cuestan 40 euros. Haz tú mismo los cálculos, probablemente lo que muestre tu calculadora no de ni para el combustible del vuelo.

La realidad está ahí y es aplastante. Mantener una infraestructura empresarial de aeronaves es costosísima. Sin embargo, en el momento que ya existía una enorme presión competitiva en este sector, llegan unos tipos y se inventan unas palabras mágicas, Low Cost, bajo las cuales la realidad deja de existir, los aviones están hechos de merengue y caramelo, son empujados por golondrinas, echan confeti por los tubos de escape y, por supuesto, las nubes son nuestras amigas y nos hablan. Y vamos nosotros, y nos lo creemos.

Para el subconsciente colectivo el autoengaño es facilísimo. El secreto de que volar fuera antes tan caro y ahora tan económico es porque antes había catering y había menos colas en los mostradores de facturación. Claro,  eliminas de la ecuación una mini tortilla aplastada con seis guisantes y a una persona del mostrador, y con lo que queda (solo una infraestructura descomunal) el coste de volar se convierte en irrisorio. “Si, ya te lo decía yo, que el problema estaba en los guisantes, ¡con lo cara que está la verdura!”. Y vamos nosotros, y nos lo creemos.

Y he ahí el problema: La gente no es capaz de cuestionarse las cosas.

Especialmente cuando van a su favor, claro.

Simplemente porque a uno le interese, no puede convertirse nuevamente en niño, aceptar caramelos a la puerta del colegio y decir: “¡qué bien!, ¡caramelos!”.

¡No!

Pero ahora es cuando llega el contra-argumento clave a lo que estoy diciendo: “Yo no espero que por que el vuelo sea más barato sea menos seguro”.

Ya, ni yo. Pero ese es el punto quizás de mayor autoengaño. Las cosas no son blancas y negras. Hay muchísimos matices. Es evidente que si las compañías se encuentran en una guerra en la que el eje central son los precios, su obsesión principal será única: el ahorro.

En medio de este panorama de presión axfisiante para las compañías. Presión generada por y entre las propias compañías, pero proviniente de la demanda social, no lo olvidemos, y originada a su vez por dichas compañías, diez euros son el motivo principal por el que una persona opta por un vuelo en lugar de otro ¡Diez euros! ¡Las compañías deben luchar por economizar en lo que sea!

Bien, es cierto que las nuevas compañías han traido ideas frescas y planteamientos novedosos, a un sector bastante conservador y quizás algo arcaico, con las cuales consiguen, efectivamente, optimizar el rendimiento económico en bastantes aspectos. Pero, ¿es ese el único y esplendoroso milagro que hay detrás de las low cost?

Hemos de tener en cuenta que muchas de estas fabulosas low cost están en una situación económica de pérdidas continuas. Han inventado el concepto, pero este está todavía por demostrar que el modelo de negocio es realmente válido y no es todo un cuento. Y con ello han arrastrando al resto de compañías que no  pueden hacer otra cosa que competir con ellas en precios. Sin ir más lejos la situación de Spanair ya era muy delicada antes del accidente, con grandes pérdidas en 2007.

Como decía, en este panorama, ¿es que no crees que la cuerda se tensa hasta extremos que van más allá de lo que debería ser posible? ¿cómo se sostiene todo esto?

Desconozco el mundillo y me voy a inventar lo siguiente, pero:

Si existe una regulación que dice que los aviones pueden estar en uso un máximo de X años. En un panorama cómodo para las compañías, ¿no crees que por prudencia, egoista o no, renovarían siempre las aeronaves en un plazo de menor de tiempo?

Si existe una regulación que dice que los neumáticos deben cambiarse como máximo cada X aterrizajes o X meses, ¿es que no crees que ocurrirá lo mismo que en el ejemplo anterior? ¿que, por prudencia, una compañía en una situación normal los renovaría siempre bastante antes de llegar a ese límite, y que una compañía, en una situación de competitividad como la actual, apurará hasta donde pueda apurar?¿hasta el último aterrizaje permitido?

¿No crees que en un panorama como el actual se apuran todos los extremos al límite, e incluso se revasan en la medida de lo posible, para tratar de exprimir cualquier cantidad económica, al igual que hacen los clientes con el precio de los billetes ¡Es que son los clientes los que lo están exigiendo precios cada vez menores! (Pero no a costa de la seguridad, claro.)

¿Es que no es lógico que se multipliquen las posibilidades de que un incidente ocurra cuando se apuran todos los extremos hasta el límite, incluyendo la presión sobre los técnicos de mantenimiento, pilotos y demás personal cualificado, aun estando bajo unos mismos márgenes de seguridad estipulados? El que no lo crea así es que no vive en este mundo.

En un país en el que los propios pasajeros son capaces de tomarse la justicia por su mano debido a un retraso en su vuelo, llegando incluso a salir a  la fuerza a las pistas de un aeropuerto (por poner un solo ejemplo), poniendo en peligro la seguridad de un aeropuerto ¿Nos rasgamos ahora las vestiduras con la seguridad? ¿En qué quedamos? ¿En que si se retrasa un vuelo no somos capaces de asimilarlo y nos comportámos como salvajes, pero si no se retrasa y a consecuencia de ello ocurre un terrible accidente ponemos en tela de juicio el hecho de que no retraso o cancelación?

Parece que he salido en defensa de las compañías y no es así. En absoluto. Las compañías son las principales y únicas responsables de la seguridad, al margen, por supuesto, de las autoridades responsables de la aviación civil. Es su responsabilidad, mejor dicho, su irresponsabilidad que vendan más barato de lo que probablemente puedan permitirse, propiciando en definitiva que la seguridad vaya en declive. Pero debemos reflexionar en que punto nos queremos quedar, porque mayor coste es siempre sinónimo (extravagancias al margen) de un mejor producto o un mejor servicio. En todos los aspectos y para todos los ámbitos ¿Queremos realmente un low cost aéreo? Si la respuesta es sí debemos estamos dispuestos a asumir todas sus posibles consecuencias, al igual que asumimos con normalidad las muertes en carretera.

Low cost. Bajo coste. Bajo coste para de los billetes, obligatoriamente bajo coste para las compañías. Sin embargo, indudablemente, un altísimo coste si este fenómeno está afectando, como estoy convencido, a la seguridad aérea.

2 comentarios Agosto 22nd, 2008

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