En el ámbito político existe una máxima que consiste en evitar, en lo posible, la toma de medidas impopulares.
Haciendo una analogía, si los políticos son los padres y el pueblo son sus hijos, lo que, por lo general, hacen los políticos es tomar decisiones tratando de no enfadar demasiado a los niños.
¿Qué opinión nos merecen este tipo de padres? ¿Qué ocurre generalmente con ese tipo de niños? Por supuesto que crecen con los valores tergiversados, malcriados e insolentes. Por tanto ¿Quiénes salen perjudicados en última instancia?
Precisamente una de las tareas políticas más importantes debería ser la de avanzar, tomando las mejores decisiones, a pesar de la opinión popular, dejando de lado el cortoplacismo y pensando en el medio y especialmente en el largo plazo.
Por lo general esto no ocurre, el político suele ser permisivo. Generalmente más permisivo cuanto más cercano se está del ciudadano (en administraciones locales). Al final se piensa solo en votantes, no en ciudadanos ni en su futuro. Así pasa lo que pasa, que se acaba haciendo todo lo contrario de lo que se debería hacer. Y por supuesto, cuando llega la excepción, se arma.
Esta semana, leyendo algunos comentarios de los lectores de El País acerca de la victoria de Obama, hubo uno que me llamó la atención. Decía algo así como: “Da igual uno que otro. Los dos son políticos.”.
Al margen de ser un comentario carente de criterio por completo, me llamó la atención porque esconde une realidad de la que me he venido dando cuenta desde que era adolescente.
Hace ya unos cuantos años participe (o lo intenté) en las labores de extinción de un gran incendio en Tenerife. Estando en la plaza de un pueblo cercano al incencio, escuché a unos ancianitos sentados en un banco mascullando cosas. Enfadados, con un cierto tono de resignación, aunque con absoluta rotundidad, afirmaban: “La culpa de todo esto es de Felipe González”.
La instantanea me hizo bastante gracia y es una frase de la que que me apropié, como chiste, desde ese momento (sustitúyase Felipe González por ZP, o quien se quiera) para cuando pasa algo malo, lo que sea, “La culpa es de Felipe González”. Es una algo que ya había oído muchas veces antes, eran tiempos de crisis para el gobierno socialista, pero probablemente nunca tan fuera de contexto. Me pareció muy anecdótico, puesto que seguramente durante la gestión de esa crisis se cometieron errores, miles, desde todos los estamentos gubenamentales, locales, regionales y probablemente estatales, pero personalizar el problema en esta única persona era irrisorio. Como si el canalla pirómano que estaba haciendo añicos la isla fuera un enviado del mismísimo Felipe González.
Es evidente que, tanto el diálogo de los abuelitos como el comentario del usuario de internet, son dos simples anécdotas. Dos comentarios lanzados al aire, un poco sin sentido, por personas radicalmente diferentes en entornos absolutamente opuestos. Pero, aun así, el trasfondo que existe es exactamente el mismo.
La crítica hacia los políticos es gratuita. Tanto es así, que el problema que subyuga es precisamente su condición de políticos.
Es evidente que hay que criticar la tarea de los políticos, porque la responsabilidad que asumen es inmensa, tanto, que juega un papel fundamental en el desarrollo de nuestras vidas y de las vidas de los que vendrán. Su labor ha de hacerse bien. Sí o sí. Yo, particularmente, me sumo muchas veces a esa tarea de crítica. En ocasiones con opiniones más acertadas, otras menos, unas con más conocimiento del trasfondo real, y otras con menos. Pero desde luego lo hago.
Sin embargo, el problema de los políticos, no es que sean políticos, como decía el lector de El País, porque para serlo solo hay que presentarse, y que a uno lo elijan. El problema de los políticos es que son humanos. Como el lector, como los ancianitos, como yo y como tú, que estás leyendo esto.
Siempre se critica al político, que si roba, que si se aprovecha, que si hace esto, que si deja de hacer lo otro. Como si el resto de la humanidad fuera perfecta, nunca se aprovechara o nunca se equivocara. Prácticamente todos los hacen, cada uno en su contexto. Hay quien se lleva una toalla de un hotel o evade el pago de impuestos, que es lo que tiene a mano, y quien pone a su primo en un cargo o desvía fondos reservados a su cuenta en Suiza, que es lo que tiene a mano.
Los políticos no son más que lo que originalmente se supone que deben ser, una representación de la sociedad. Y si hay políticos pillos, ladrones, garrulos, gañanes y/o soberbios, que los hay, y muchos, es por algo. Cuántos de los que critican por criticar, como el lector de El País, como los abuelitos, no hubieran robado, a su manera, o hubieran tenido las mismas meteduras de pata, o peores, si hubieran sido alcaldes, concejales o diputados.
No estoy exculpando a los políticos con este comentario. Ni muchísimo menos. Tienen el deber de hacerlo lo mejor que se pueda, y la mayoría, por ideología, por presiones, por falta de formación, información u objetividad, por malos consejos, o simplemente por sobervia, no lo hace.
Lo que vengo a expresar en esta reflexión es que, para la amplia mayoría de la población, los políticos no son más que una figura de expiación de todos los males, propios y ajenos. Una herramienta multiusos para conformistas y derrotistas, para cuando las cosas van mal o no todo lo bien que deberían. Alguien en quien cagarse para no asumir que todos deberíamos ser mejores. Y mientras protestan, no hacen lo más mínimo por que el mundo sea un poco mejor y, por no tener, demuestran no tener ni opinión. La opción cómoda es resignarse a la idea de que la culpa de todo es de los políticos y conformarse con haberlo expresado. Ego me absolvo.
Pero, lo peor de esta situación, es que con esa crítica gratuita asegurada hacia los políticos, se desanima al honesto que podría hacer una gran labor como político, y por contra, se alienta al que cuyo objetivo de antemano es perverso. “Si igualmente me van a machacar, ¿Para qué dejarme la vida en hacerlo bien?” ¿Verdad? “Lo mejor será sacar algún beneficio” ¿No lo haría la mayoría?
Son excepcionales los casos en los que la clase política, en su totalidad, la prensa, en su totalidad y la opinión pública se ponen de acuerdo de una misma cosa. Es tan raro, que asusta, y con razón.
Para los que no estén al tanto, Cho Vito es una muy pequeño conjunto de viviendas en el litoral del municipio de Candelaria, en Tenerife. La semana pasada se procedió a la demolición de 23 de estas viviendas, a tenor de la ley de costas, drama que provocó el seguimiento de medios nacionales, y masivamente, regionales.
Desde niño me llevan diciendo que las verdades a medias son peor que las mentiras. Así pues, voy a contar algunas verdades sobre el caso Cho Vito que no se han contado, o si se han hecho se han hecho tan tímidamente y a destiempo, que, para el caso, es lo mismo que si no se hubieran contado.
¿Los motivos de que no se hayan contado? Los desconozco. No sé si es para que la noticia vendiese más (misión cumplida), por miedo a la impopularidad por parte de la prensa (que vergonzoso sería esto), o simplemente porque ya no quedan periodistas de verdad. No sé cual de las opciones es más descorazonadora.
Empiezo.
Verdad 1
Las viviendas eran ilegales. Se construyeron sin titularidad sobre el terreno, es decir, “aquí me hago mi casa, porque me da la gana”, y por supuesto sin ningún tipo de licencia o permiso.
Esto se ha dicho en medios, pero muy sutilmente, tanto que la impresión que se ha dado es que la actuación consistió en el cruel derribo de las propiedades una personas sin ningún tipo de piedad, y en total indefensión.
Verdad 2
Los afectados hacía años que conocían a la perfección la situación, y por supuesto habían hecho todo lo posible por evadir el cumplimiento de la ley. Incluyendo el muy viejo truco (aconsejado con toda seguridad por sus abogados) de esconderse. Es decir, evitar de todas las formas posibles que la recepción de las notificaciones legales, para posteriormente argumentar que en ningún momento se les notificó nada.
Esto se ha obviado bastante en medios, dado que las imágenes que repetían una y otra vez mostraban frases de los afectados como: “no me han dejado ni entrar a por mis cosas”. Hacía años que estaban en aviso de que dichas construcciones ilegales iban a ser derribadas y habían sido perfectamente notificados de que el martes iba a ser el día.
Verdad 3
Se ejecutó el derribo de 23 viviendas. Pero una cosa que a penas se insinuó es que hubo algunas viviendas que no entraban en el derribo. Vaya, parece que a alguien se le olvidó comentar este pequeño detalle.
¿Y por qué algunas no entraban en el derribo? Pues porque se derribaron solo las casas de aquellos que ya disponían de, al menos, otra vivienda, y por tanto, para los que su casita en la playa suponía su segunda residencia (incluso para algunos hasta tercera, si no estoy mal informado) ¿Pobres? Vaya.
Verdad 4
A los habitantes de las viviendas que no fueron derribadas, por no tener otro lugar, se les va a proporcionar una vivienda de protección oficial. Por ello que se les permite seguir viviendo en Cho Vito, hasta que eso ocurra. Según tengo entendido, la VPO se les va a proporcionar sin coste. Aunque, corríjanme si estoy equivocado este último punto. En todo caso van a poder acceder a una vivienda.
Es decir. La premisa es que nadie se va a quedar en la calle. Todo lo contrario de lo que han querido vendernos.
Por otro lado, menudo precedente, yo me hago una casa donde me da la gana, y cuando me la derriban me dan una nueva ¿Moraleja?
Por supuesto estoy totalmente de acuerdo a que se facilite acceso a una vivienda a aquellos que necesitándola, no pueden acceder a tener una de ninguna manera.
Verdad 5
Siendo segundas residencias, ¿qué uso hacían de las mismas?
Para algunos era la casita de veraneo o de fines de semana, donde hacerse las paellas, a gustote, en primera línea de mar. En la misma orilla.
Para otros era simplemente una fuente de ingresos adicional, pues muchas de las viviendas estaban arrendadas. Dándose el caso de que uno de los afectados tenía hasta tres de estas viviendas arrendadas.
Se acabó el negocio.
Desconozco qué ha pasado y en que siuación estaban los arrendadores de las viviendas. Supongo que son realmente los principalmente afectados.
Verdades 6 y 7
Muchos han argumentado que Cho Vito era un arraigado pueblo de pescadores. En algunos medios incluso se llegó a comparar con otros emplazamientos, realmente arraigados y de pescadores, con más de 100 años de antigüedad.
De arraigado nada.
Aconsejados seguramente por sus abogados, intentaron declarar Cho Vito como BIC (Bien de Interés Cultural) con el único objetivo de evitar el derribo, pero la entidad encargada de conceder dicha calificación, el Cabildo de Tenerife, la desestimó ¿Y por qué lo hizo? Porque no era, de ninguna manera, un Bien de Interés Cultural, era un conjunto de viviendas a la orilla del mar, alguna con cierta antigüedad, pero la mayoría no. Sin más.
De pescadores nada.
Sí. Es cierto que algunos de los habitantes de Cho Vito pescan. Efectivamente, y por lo que me he enterado sin permisos, ni licencia de ningún tipo.
Vaya.
Verdad 8
Si en su momento me construí una casita en la orilla del mar, de la cual disfruto cuando quiero (o bien me aporta unos beneficios extra), y ahora me la van a quitar, me cabreo. Lógico, ¿Verdad?
¿No haría la mayoría casi cualquier cosa por intentar evitarlo?
El agravio
El único argumento comprensiblede todas las quejas es el agravio ¿Y por qué Cho Vito? ¿Por qué no algunas casas de ricos u hoteles que están también en la costa?
Desde luego, mi deseo, y debería ser el de todos, es que se recupere la costa. Y espero que, por supuesto, caigan todas las casas y construcciones, de ricos y no ricos, que estropean el litoral.
Y bueno, en proceso están otras tantas construcciones en toda españa, hoteles de lujo incluídos. Supongo que todo se andará, y si no se anda, habrá que darle un empujón, pero eso no significa que los Cho Vitos que hay esparcidos por el territorio no haya que tirarlos de igual forma, ya sea hoy, mañana o el año que viene.
Por otro lado, si toda la energía invertida en manifestaciones pro Cho Vito, con insultos y amenazas de muerte al alcalde de Candelaria, a su familia y a todo el que se meneara por ahí, incluidas. Si toda esa energía, repito, se invirtiese en denunciar aquellas construcciones que, estando también en el mar, parece que todavía no están señaladas, otro gallo nos cantaría.
La farsa
Así pues, todo esto ha sido una farsa. Una farsa en la cual han caído absolutamente todos. No hay medio, televisión, radio o prensa escrita, que no se haya lamentado de la injusticia, y que no haya hecho incapié en el drama, sin haber indagado lo más mínimo, tan solo transmitiendo lo que los afectados contaban ¿Eso es periodismo?
Un farsa en la cual se han sucedido una serie de declaraciones políticas, a cual más vergonzante y a cual más absurda.
Para todos la culpa ha sido de costas. Para todos costas es malísimo. Es el ogro que se dedica a dejar en la calle a pobres ciudadanos de forma cruel, de forma totalmente arbitraria. Por supuesto para los interesados, en búsqueda del voto perdido, costas es Madrid, y Madrid es mala con los Canarios (Habla, canario, habla. Pero ni se te ocurra pensar)
En definitiva. Se ha defendido a capa y espada el interés de unos particulares que lo que hicieron en su momento fue quebrantar la ley. Pero lo peor es que, en todo este circo mediático, se ha demonizado al unísono el objetivo de recuperar el litoral español.
No he podido resistirme a publicar aquí un comentario que he hecho en el artículo de El País referido a un teólogo marroquí que promueve la pedofilia a su manera y se queda tan ancho, aquí va el comentario:
¡Qué gran diferencia entre los religiosos islámicos y los católicos! Y me refiero a la discreción. Mientras este tipo se permite el lujo de ampararse en una interpretación fanática de su religión para divulgar sus deleznables pensamientos a los cuatro vientos, nuestros religiosos son muchísimo más discretos, haciéndolo a escondidas desde hace décadas, y al amparo de la iglesia. De una forma muchísimo más civilizada, ¡Qué duda cabe!
Supongo que este artículo suscitará muchísimas reacciones xenófobas, o pseudo-xenófobas, pues, ¡A mi me dan el mismo asco los unos y los otros!
Empujado por la noticia trágica de esta semana voy a escribir, aun pareciendo ventajista, sobre una idea que me rondaba hace ya unos cuantos años.
¿Cómo puede existir el Low Cost aéreo? ¿Cómo pretendemos que volar dos mil kilómetros en una aeronave tenga un coste de 39,99 euros? ¿Es real todo esto del LowCost? ¿O se trata de una auténtica burbuja que ha empujado a la histeria colectiva a las compañías de transporte aéreo de corte tradicional?
Tras darle unas pocas vueltas, me encuentro con la dicotomía con la que siempre me encuentro en casi todo lo que analizo referente al comportamiento humano y la realidad de las cosas.
Las empresas son empresas, y se comportan exactamente igual que las personas: quieren ganar dinero, cuanto más mejor, y por supuesto no quieren perder dinero. Las aerolíneas, por supuesto, no iban a ser diferentes.
Las erolíneas hacen frente a monstruosas inversiones de infraestructura y mantenimiento. Adquieren aeronaves cuyo coste es muy elevado. Hablamos, dependiendo del avión, de más de cien millones de euros. Es decir, más de quince mil millones de pesetas, ¡quince mil millones! ¡cada avión! (que alguien me corrija si estoy equivocado, pero en todo caso hablamos de muchísimo dinero). Aviones cuyo coste de mantenimiento, por supuesto, es altísimo. El combustible que se utiliza en cada vuelo se mide en miles de litros (no te quejes del consumo de tu 1.6), ¡miles de litros cada vuelo! El personal, pilotos, mecánicos, es altamente especializado, no es precisamente un personal que pueda conseguirse en una ETT, y por tanto tienen saliarios acorde a su especialización y responsabilidad. Por no hablar del mantenimiento y coste de toda la infraestructura empresarial, oficinas, sedes, hangares, etc. ¿Cómo pretendemos que todo esto sea sostenible si los vuelos cuestan 20, 30 o 40 euros? Si un avión medio tiene de capacidad 150 personas, rara vez van llenos, y los billetes cuestan 40 euros. Haz tú mismo los cálculos, probablemente lo que muestre tu calculadora no de ni para el combustible del vuelo.
La realidad está ahí y es aplastante. Mantener una infraestructura empresarial de aeronaves es costosísima. Sin embargo, en el momento que ya existía una enorme presión competitiva en este sector, llegan unos tipos y se inventan unas palabras mágicas, Low Cost, bajo las cuales la realidad deja de existir, los aviones están hechos de merengue y caramelo, son empujados por golondrinas, echan confeti por los tubos de escape y, por supuesto, las nubes son nuestras amigas y nos hablan. Y vamos nosotros, y nos lo creemos.
Para el subconsciente colectivo el autoengaño es facilísimo. El secreto de que volar fuera antes tan caro y ahora tan económico es porque antes había catering y había menos colas en los mostradores de facturación. Claro, eliminas de la ecuación una mini tortilla aplastada con seis guisantes y a una persona del mostrador, y con lo que queda (solo una infraestructura descomunal) el coste de volar se convierte en irrisorio. “Si, ya te lo decía yo, que el problema estaba en los guisantes, ¡con lo cara que está la verdura!”. Y vamos nosotros, y nos lo creemos.
Y he ahí el problema: La gente no es capaz de cuestionarse las cosas.
Especialmente cuando van a su favor, claro.
Simplemente porque a uno le interese, no puede convertirse nuevamente en niño, aceptar caramelos a la puerta del colegio y decir: “¡qué bien!, ¡caramelos!”.
¡No!
Pero ahora es cuando llega el contra-argumento clave a lo que estoy diciendo: “Yo no espero que por que el vuelo sea más barato sea menos seguro”.
Ya, ni yo. Pero ese es el punto quizás de mayor autoengaño. Las cosas no son blancas y negras. Hay muchísimos matices. Es evidente que si las compañías se encuentran en una guerra en la que el eje central son los precios, su obsesión principal será única: el ahorro.
En medio de este panorama de presión axfisiante para las compañías. Presión generada por y entre las propias compañías, pero proviniente de la demanda social, no lo olvidemos, y originada a su vez por dichas compañías, diez euros son el motivo principal por el que una persona opta por un vuelo en lugar de otro ¡Diez euros! ¡Las compañías deben luchar por economizar en lo que sea!
Bien, es cierto que las nuevas compañías han traido ideas frescas y planteamientos novedosos, a un sector bastante conservador y quizás algo arcaico, con las cuales consiguen, efectivamente, optimizar el rendimiento económico en bastantes aspectos. Pero, ¿es ese el único y esplendoroso milagro que hay detrás de las low cost?
Hemos de tener en cuenta que muchas de estas fabulosas low cost están en una situación económica de pérdidas continuas. Han inventado el concepto, pero este está todavía por demostrar que el modelo de negocio es realmente válido y no es todo un cuento. Y con ello han arrastrando al resto de compañías que no pueden hacer otra cosa que competir con ellas en precios. Sin ir más lejos la situación de Spanair ya era muy delicada antes del accidente, con grandes pérdidas en 2007.
Como decía, en este panorama, ¿es que no crees que la cuerda se tensa hasta extremos que van más allá de lo que debería ser posible? ¿cómo se sostiene todo esto?
Desconozco el mundillo y me voy a inventar lo siguiente, pero:
Si existe una regulación que dice que los aviones pueden estar en uso un máximo de X años. En un panorama cómodo para las compañías, ¿no crees que por prudencia, egoista o no, renovarían siempre las aeronaves en un plazo de menor de tiempo?
Si existe una regulación que dice que los neumáticos deben cambiarse como máximo cada X aterrizajes o X meses, ¿es que no crees que ocurrirá lo mismo que en el ejemplo anterior? ¿que, por prudencia, una compañía en una situación normal los renovaría siempre bastante antes de llegar a ese límite, y que una compañía, en una situación de competitividad como la actual, apurará hasta donde pueda apurar?¿hasta el último aterrizaje permitido?
¿No crees que en un panorama como el actual se apuran todos los extremos al límite, e incluso se revasan en la medida de lo posible, para tratar de exprimir cualquier cantidad económica, al igual que hacen los clientes con el precio de los billetes ¡Es que son los clientes los que lo están exigiendo precios cada vez menores! (Pero no a costa de la seguridad, claro.)
¿Es que no es lógico que se multipliquen las posibilidades de que un incidente ocurra cuando se apuran todos los extremos hasta el límite, incluyendo la presión sobre los técnicos de mantenimiento, pilotos y demás personal cualificado, aun estando bajo unos mismos márgenes de seguridad estipulados? El que no lo crea así es que no vive en este mundo.
En un país en el que los propios pasajeros son capaces de tomarse la justicia por su mano debido a un retraso en su vuelo, llegando incluso a salir a la fuerza a las pistas de un aeropuerto (por poner un solo ejemplo), poniendo en peligro la seguridad de un aeropuerto ¿Nos rasgamos ahora las vestiduras con la seguridad? ¿En qué quedamos? ¿En que si se retrasa un vuelo no somos capaces de asimilarlo y nos comportámos como salvajes, pero si no se retrasa y a consecuencia de ello ocurre un terrible accidente ponemos en tela de juicio el hecho de que no retraso o cancelación?
Parece que he salido en defensa de las compañías y no es así. En absoluto. Las compañías son las principales y únicas responsables de la seguridad, al margen, por supuesto, de las autoridades responsables de la aviación civil. Es su responsabilidad, mejor dicho, su irresponsabilidad que vendan más barato de lo que probablemente puedan permitirse, propiciando en definitiva que la seguridad vaya en declive. Pero debemos reflexionar en que punto nos queremos quedar, porque mayor coste es siempre sinónimo (extravagancias al margen) de un mejor producto o un mejor servicio. En todos los aspectos y para todos los ámbitos ¿Queremos realmente un low cost aéreo? Si la respuesta es sí debemos estamos dispuestos a asumir todas sus posibles consecuencias, al igual que asumimos con normalidad las muertes en carretera.
Low cost. Bajo coste. Bajo coste para de los billetes, obligatoriamente bajo coste para las compañías. Sin embargo, indudablemente, un altísimo coste si este fenómeno está afectando, como estoy convencido, a la seguridad aérea.
Me encantan los mensajes con fuerza y sin tapujos que desnudan la realidad de la sociedad en la que vivimos. Una realidad tan cruda que no conviene que se vea. No conviene que nos veamos como somos, porque no interesa cambiar la forma en la que vivimos.
El anuncio, de la ONG brasileña Casa do Zezinho es una muestra fabulosa. Está en portugués pero se entiende a la perfección.
Son muchos los que he visto y me han marcado, intentaré rescatarlos para recopilarlos por aquí, y por supuesto iré publicando los nuevos que vaya viendo.
Yo vivo en una isla, en Tenerife, y muchas veces he tenido la misma conversación con gente que vive en la península o en algún otro lugar de Europa. Incluso he tenido esta conversación con gente de Inglaterra, que también está en una isla, grande, pero isla en definitiva.
Todo comienza cuando surge la pregunta: “¿No te da claustrofobia vivir en una isla?”
Mi respuesta es siempre la misma.
Es muy posible que pueda dar claustrofobia vivir en una isla, pero dependerá mucho de que isla y dependerá mucho de la persona. Pero se trata de una cuestión meramente psicológica, porque la inmensa mayoría de nuestras vidas se hace en un espacio territoral bastante reducido, una isla, en definitiva: De casa al trabajo, del trabajo a casa, de casa al gimnasio, del gimnasio al cine, del cine a casa, vuelta a empezar. Es muy posible que alguien que viva en Madrid tenga un territorio vital mucho más limitado que alguien que viva en Tenerife. Estoy convencido de que alguien que vive en un pueblo en medio de la nada, en la España “profunda” tiene un territorio limitadísimo. Sin embargo, irónicamente, te formulan la pregunta.
Me ha hecho bastante gracia leer estos día la noticia de un estudio que viene a probar científicamente precisamente eso que siempre argumento: nuestras costumbres rutinarias hacen nuestro ámbito muy pequeño.
¿Por qué alguien que vive en Madrid y cuya vida se hace en entre dos barrios puede pensar que vivir en una isla es claustrofóbico? ¿Por que alguien que vive en un pueblo de Castilla León puede pensar lo mismo?
Los que me responden suelen argumentar siempre lo mismo: “Si vives en Madrid coges un coche y te vas a donde quieras”. La cosa es que en la realidad, muy rara vez alguien hace eso, coger el coche y escapar de la gran ciudad. Quizás muchos lo deseen a diario, pero nadie lo hace. Sin embargo es esa posibilidad la que psicológicamente elimina la claustrofobia.
Bueno, a los que me dicen esto les respondo también siempre lo mismo: “Del mismo modo, en Tenerife, coges un avión y vas a donde quieras, hay decenas de vuelos al día que conectan con toda Europa.” A fin de cuentas, viajar en avión dejó de ser una cosa para ricos hace mucho tiempo. Es esa posibilidad de escapar existe de igual manera, y quizás pueda ser más práctica en Tenerife que en muchas provincias de España, carentes y alejadas de aeropuertos internacionales.
La cuestión detrás de la idea de claustrofobia isleña, para los que son de tierra adentro, es que el problema es el mar. Para ellos el mar separa, el mar aisla. Sin embargo, como dije al principio, en definitiva, es una mera cuestión psicológica de la persona, porque para mi, por ejemplo, la ausencia de mar sí me genera claustrofobia. Así que para mi, Madrid es una isla, y Tenerife es un mundo.
Me encanta Microsiervos. Salvo en momentos en los que me prohibo procrastinar, no suelo perderme una sola anotación. Me encantan las curiosidades y los divertidos wtf. Y me gusta el rigor que tratan de imprimir a sus artículos. Vamos, que rara vez publican algo sin haber indagado, aunque sea un mínimo, sobre una cuestión. Yo creo que ese rigor, esa dedicación, es precisamente lo que ha hecho a Microsiervos tan popular.
Su popularidad es tal, que ha traspasado la frontera de la blogosfera, con numerosas intervenciones en diferentes medios a nivel nacional en los últimos meses. Si bien, en programas o espacios siempre cercanos de la temática global microsiérvica.
Todo esto no hace más que reafirmar la posición de Microsiervos como el máximo exponente de lo que puede alcanzar un blog. Y eso es excelente. Pero como todas las cosas, todo tiene sus pros y sus contras. Llegar hasta ese punto conlleva una enorme e ineludible responsabilidad. Sí. Es así. Y el problema es que no estoy totalmente convencido de que los propios Microsiervos se hayan dado cuenta de dicha reponsabilidad.
Es innegable que muchos jóvenes geeks (y no geeks), seguidores de Microsiervos, no serán capaces de discernir con rigor objetivo entre las opiniones muy personales de sus autores, y sus bastante rigurosas noticias o artículos de ciencia, o de lo que sea. Y estoy convencido de que Microsiervos tiene seguidores para los que una opinión de sus bloguers favoritos será un factor importante. “Oye, si lo dicen en Microsiervos, por algo será …”. Es así, son las cosas inevitables de la popularidad.
Y dicho esto, aquí es cuando ayer me quedo estupefacto, con el culo torcido, al leer lo siguiente, en la entrevista digital que les han hecho en El País:
“Pregunta: ¿Qué medidas podemos tomar los internautas para acabar con el multicanon de la SGAE?
Wicho: hay poco que podamos hacer salvo protestar mucho y muy alto, a ver si así nos hacen caso. Esa protesta puede incluir la orientación del voto en las próximas elecciones, pero allá cada uno con lo que haga.”
¿Esa protesta puede incluir la orientación del voto?
Entiendo que Wicho pueda estar insinuando que mediante la presión popular empujemos todos a que una formación política, o todas, se alinee en contra del canón, y posibles sucedáneos. Pero en el contexto actual, dicha afirmación no se puede interpretar de otra forma que de la siguiente manera: “Chicos, votad al PP”, o cuando menos: “Chicos, no voteis al PSOE”.
Y lo siento, el “allá cada uno con lo que haga” final no sirve de nada, cuando ya se ha arrojado la piedra.
Y, por cierto, aunque la frase haya sido dicha por uno solo de sus integrantes, ninguno de los otros dos integrantes la ha desmentido hasta este momento, ni ha argumentado en su contra. Así pues. Doy por hecho de que siendo la entrevista a Microsiervos, y no a Wicho, es asumida y por tanto atribuible a todos los miembros.
En primer lugar, ¿es Microsiervos un blog de política? No. No lo es. De hecho, los propios Microsiervos, en la misma entrevista, afirman que la política no va con ellos. Sin embargo, son capaces de dejar una perla de esos kilotones en un periódico de nivel nacional, y quedarse tan panchos. Por supuesto, estamos en democracia, y cualquiera puede expresar y clamar por su opción política. Faltaría más.
Pero la gravedad de todo esto es que, si uno no está interesado en política, y además ostenta una posición de influencia sobre otras personas, en materias totalmente ajenas a la política, no debería aprovechar su influencia para orientar el voto de nadie. Y mucho menos, si dicha influencia proviene del rigor aplicado en dichas otra materias.
Porque, entre otras cosas, esta afirmación es escandalosamente carente de rigor. No hay ninguna formación política de que se alinee en esa idea de cultura libre contraria al cánon. Ninguna. El PP se ha alzado en los últimos meses con un no al cánon, con el que se ha encontrado por pura casualidad, tras un error de sus propios senadores en una votación. Y por supuesto, tras habérseles encendido la chispa, han seguido con el juego con un único objetivo electoralista: recuperar algo del voto joven, que tienen tan cuesta arriba.
Por otro lado, que alguien sea capaz de expeler sobervia memez, otorgando al dichoso canon caracter, poco menos que, de que materia de estado, como para proponer un cambio de orientación en el voto, en base a una materia tan anecdótica, me parece total y absolutamente impropio de unas personas a las que tenía por coherentes y rigurosas. Lo que me lleva a pensar que su conocimiento sobre política es inversamente proporcional a su afición por el número pi.
Porque señores Microsiervos: En el mundo, y en este país, pasan cosas bastante más importantes que el canon.
Para finalizar. Hoy me encuentro con esta entrada microserviana, nuevamente relativa a la política, sobre la cual estoy parcialmente de acuerdo. En efecto, los políticos, o, más bien, sus asesores de imagen, siempre hacen uso de las modas como reclamo. Y, ciertamente, es muy triste ver la mayoría de estas estrategias populistas. No obstante, en eso de que “la mayoría, por no decir el 100%” de los intentos de políticos de acercarse a ésta nueva vía de comunicación, que es internet, sea “inútil o absurdo”. Pues la verdad, no estoy en absoluto de acuerdo, y me demuestra el poco rigor aplicado a esta noticia. Ya que, de haber indagado un mínimo, sabrían que la web del propio Zapatero y su estrategia ha sido puesta en marcha de la mano de uno de los mejores equipos, por no decir el mejor, de expertos sobre web e internet que hay en España, tal y como comenta el pripio Humberto Matas en su artículo al respecto. Aquí lo voy a dejar.
Señores Microsiervos. Aunque sea tentador hablar de todo, cuando te ponen un megáfono en la boca. Les recomendaría profusamente a los tres que no salgan de los wtf, pi, Rubik, Tesla y las autoreferencias. Que todos ellos nos encanta, y por eso, no por sus opiniones políticas o sobre política, les seguimos.
El comunismo y el capitalismo no son más que la materialización ideológica de dos intereses cruzados y contrapuestos.
El rico o el acomodado no quiere dejar de serlo. Por tanto se apunta al capitalismo. El que no tiene mucho que rascar se apunta al comunismo, porque quiere tener más. Si borras la memoria a ambos y los cambias de situación, ¿a qué lado creen que se apuntaría cada uno?
Nunca he visto a ricos comunistas, ni a pobres capitalistas. Bueno, a éstos últimos quizás sí, pero porque creen que algún día ese sistema les sacará de la pobreza. O incluso porque creen que se lo tienen merecido, lo de ser pobres.
Lo que me parece curioso es como los defensores de ambos sistemas socioeconómicos tan antagónicos defienden con vehemencia “su” sistema como el perfecto. Como el que se debe imponer para el buen devenir de la existencia humana. Me parece curioso principalmente por no tratarse de cuestiones dogmáticas, si no racionales, pero que sin embargo se tratan como dogmáticas.
A éstas alturas me parece absolutamente innegable decir que, tanto comunismo como capitalismo, sea ninguno de los dos un sistema eficaz para la vida del hombre. Es más, por antagónicos que sean, ambos coinciden en ser totalmente utópicos. Aunque el capitalismo más demagógico que utópico, pero también utópico.
Me parece estúpido clamar por uno u otro por muchos motivos. Pero hay uno que me parece crucial, y es que, tanto comunismo como capitalismo, dejan de lado tanto la propia naturaleza humana como la propia existencial. Para sus conjeturas de lo que debería de ser el sistema ideal no tienen en cuenta ninguna de éstas dos cosas ¿Cómo se pueden dejar de lado la naturaleza humana para un sistema humano? ¿Cómo se puede dejar de lado la propia naturaleza aleatoria de la existencia?
El comunismo.
El comunismo se basa en la buena fe de las personas y “olvida” egoismo y codicia.
Así pues, para que un sistema comunista funcionara de verdad, debería prevalecer la buena fe de todos los integrantes del sistema. No me puede parecer una idea más utópica. ¿Puede un individuo optar por no trabajar? ¿por no colaborar? No, no puede. Porque es: o todos, o ninguno. De otro modo se desmorona el sistema. Por tanto automáticamente hablamos de un sistema, de una u otra manera, controlador y opresor. Opresor, sí, porque obliga al individuo a ser parte de un sistema del que a lo mejor no quiere ser parte.
Por supuesto, ni que decir del egoismo, la codicia, el afán de querer más. Sentimientos todos muy humanos.
¿Por qué uno que se esfuerza más no recibe más?, ¿Es justo que reciba igual que uno que no lo hace? ¿Cómo se mide el esfuerzo? ¿Quién lo mide?
¡Es imposible!
El capitalismo.
El capitalismo se basa en la igualdad de oportunidades y en la inexistencia del factor suerte.
Es decir, es un sistema en el cual cada individuo obtiene, en teoría, lo que se merece. Aquel merecedor del éxito lo obtendrá, aquel merecedor de la misera la sufrirá. Para ello se disponen ciertas herramientas de ordenación, como la justicia, con las cuales se blinda el sistema para que hipotéticamente nada falle.
La suerte, por tanto, se elimina de la ecuación.
Es el método que se utiliza para que los individuos prósperos del sistema puedan justificar que exista miseria. “Ellos se lo han buscado”.
Por otro lado. Jamás puede haber igualdad de oportunidades en un sistema que se rige solo por el dinero y en el que puede haber un rico increiblemente rico y millones de pobres increiblemente pobres.
Mi conclusión.
Tanto comunismo como capitalismo son dos sistemas no válidos. El primero, ideado con mejor fe que el segundo, pero absolutamente utópico. El segundo, ideado con muy mala fe, pero el que ha tenido aceptación, simple y llanamente porque la mala fe abunda más, dada la naturaleza egoista del hombre. No obstante, ambos sistemas decrépitos y a los que no puedo augurar demasiada duración histórica. El primero, ya fracasó, el segundo, si las cosas no cambián mucho, nos llevará a la autodestrucción.