De un tiempo a esta parte, los coches han dejado de escupir humo y, al parecer, han pasado a expeler aromáticas flores de colores por los tubos de escape. Estamos en la era de los coches ecológicos o más bien, de las campañas de los coches ecológicos.
Los fabricantes de coches no quieren dejar pasar el tirón actual de la supuesta preocupación por el cambio climático, para vender más coches, ecológicos, por supuesto. Así pues, de un día para otro, y con un descaro abrumador, todas las marcas se han lanzado en plancha para vender su propio mensaje ecológico. Hasta tal punto que, para varias marcas, éste mensaje se ha convertido en el motivo principal de sus campañas. Desde luego, es difícil buscar un hueco original por el que colarse, para no decir lo mismo que los demás. Que si fuimos los primeros en incorporar catalizador, que si fabricamos el vehículo que menos consume, que si tenemos motores nuevos que consumen menos, que si nuestro coche es ecológico porque lo decimos nosotros, cualquier excusa es buena. Operación Eco Opel, Renault Eco2, BMW EfficientDynamics (que viene a decir como que consume menos), SAAB, Potencia y Ecología son solo unos ejemplos que me vienen a la cabeza.
Pero, ¿hay algo de cierto en todo esto? Es decir, ¿coinciden en el tiempo todos los fabricantes en pasarse al ecologismo? Obviamente la respuesta es un rotundo no. Tampoco creo que nadie sea tan inocente como para tragarse solemne memez. Simplemente, la demanda de los clientes, dado el alto precio del petroleo, empuja a los fabricantes a ofrecer vehículos que impliquen una factura de combustible más reducida. Esto se enmascara como ecológico y queda muy bonito. Pero ¿Qué hay de ecológico?
Pues poco. Porque la mayoría se centra en fabricar más modelos de vehículos diesel. Sin más.
Existe la creencia de que el diesel es más ecológico, por utilizar menos litros de combustible en su consumo. Y no es así. Porque si bien los vehículos diesel consumen menos litros de combustible, cada litro de diesel contamina más que el litro gasolina. Y en el parcial, contamina más un coche diesel que uno de gasolina. Aunque hay estudios que dicen lo contrario, en general, no se puede decir que promover la proliferación de vehículos diesel suene a muy ecológico.
Quienes han apostado fuertemente por la tecnología híbrida, como Toyota o Lexus, han dado un paso más allá en esto del ahorro energético, y al menos han hecho un verdadero esfuerzo de innovación. La combinación de motor de combustión y baterías, al menos, hace un uso más razonable de la energía consumida. Por contra hay quienes afirma que los vehículos híbridos son más contaminantes aun que los diesel y gasolina debido a la fabricación de sus baterías. Pero al menos se supone que la idea de un vehículo más respetuoso tiene que ir por este camino, si bien será necesaria la búsqueda de sistemas de acumulación de electricidad menos contaminantes.
Un paso más allá, teóricamente, están los biocombustibles, pero verdaderos expertos afirman que la utilización de los biocombustibles actuales no ahorran emisiones de CO2, por ser de una eficiencia muy baja. Eso sin tener en cuenta los posibles estragos a ocasionar en los ecosistemas donde se apueste por su producción.
Finalmente están los coches puramente eléctricos. Por un lado nos encontramos con el problema de obtener baterías no contaminantes, junto con las bajas prestaciones de los motores eléctricos, las cuales los podrían hacer ideales exclusivamente para determinados entornos urbanos. Por otro lado, nos encontramos con las fuentes de energía que originan dicha electricidad. Si un coche eléctrico se utiliza en un lugar donde la electricidad proviene de la quema de combustibels fósiles, lo único que se consigue es trasladar el punto de contaminación a otro lado. No obstante, es cierto que por lo general y dadas las características de los motores eléctricos, con ellos se haría probablemente un uso más responsable de la energía. En todo caso, los únicos vehículos eléctricos que han interesado en las grandes compañías, hasta el momento, son estos.
Con todo esto, tenemos un panorama bastante incierto en lo que respecta a vehículos ecológicos. Ecología que se queda por el momento en eslóganes rimbombantes y ñoñas canciones pegadizas.
Cabe decir por mi parte, que soy un aficionado a los coches. Es algo que no puedo evitar, me encantan. Mea culpa. Y en lo que respecta a esto, hay quien diría que no soy el más adecuado para hablar de ecología y coches. No obstante, y a pesar de mi afición, soy plenamente consciente del problema que supone la contaminación provocada por vehículos, dentro de toda la actividad humana. Por tanto, con mi comportamiento ecológico en lo que a todo lo demás respecta (en aquello que me es posible), y mi posicionamiento rotundo siempre en favor del reciclaje, del ahorro energético y de la protección del medioamente, trato de equilibrar la balanza. Otros hacen menos.
Me gusta ir al cine sabiendo lo mínimo posible de la película que voy a ver. Me basta para decidirme el hecho de tener indicios de que la película va a ser buena, o de que me va a gustar. Ya sea por el director, actores implicados, género, temática, algún ligero comentario o incluso por su nota en imdb. Me parece un sacrilegio ver un trailer o que te cuenten demasiado. Me basta tener uno o varios de esos indicios, y que todo lo demás sea inesperado. Es de la forma en la que más disfruto del cine.
Para El Orfanato (2007) mis indicios fueron los evidentes, Guillermo del Toro estaba implicado en el proyecto, y con aparente entusiasmo en él. Que la protagonista era Belén Rueda, que tras su sorprendente buen papel en Mar Adentro, tenía curiosidad por verla nuevamente. Que el genero aparente era fantástico o de terror. Por el lado negativo, el título, El Orfanato, sugería a bombo y platillo una idea excesivamente recurrente, pasados atormentados, oscuros secretos enterrados, niños, fantasmas. Pero, para contrarestar era esperable algo novedoso en todo esto, dada la espectación levantada, y dada la participación de Guillermo del Toro. No cabía esperar más de lo mismo, ni mucho menos. Más teniendo en cuenta que ya existía un El Espinazo del Diablo.
El Orfanato
Tras haber visto la película me queda una sensación de decepción absoluta. El Orfanato es más de lo mismo. Sí, exactamente, pasados atormentados, oscuros secretos enterrados, niños, fantasmas. Ningún elemento nuevo en la ecuación, ninguna aportación argumental digna de mención. He pasado un momento entretenido en el cine, porque es un género que me encanta. Pero he salido exactamente igual que he entrado. Si bien la película está muy bien realizada, no aporta un ápice en absoluto al género de terror y de suspense. Es más, El Orfanato es un collage de otras tantas películas que la han precedido. No hay más que eso. Es más, a la salida me he preguntado, si Guillermo del Toro ya tenía un El Espinazo del Diablo ¿Por qué demonios se ha metido con esto? ¿Por qué tanto entusiasmo? Supongo que el entusiasmo se basaba en recuperar la inversión realizada. Tranquilo Guillermo, recuperarás la inversión. Ciertamente, no hay un solo elemento nuevo que no tengan ya otras filmaciones. A la salida del cine me vinieron automáticamente a la cabeza, precisamente, El Espinazo del Diablo (2001), Frágiles (2005), Dark Water (2005) y The Dark (2005). ¡Por favor!, Me atrevo a decir que cortando trozos del metraje de las cuatro se podría obtener casi de forma íntegra El Orfanato ¡Y, de hecho, me sobrarían Frágiles y Dark Water para ese collage! ¡No quiero ni imaginarme que ocurriría si un entendido hace memoria y recopila título parecidos! ¡Seguramente hasta algún capítulo de Scooby-Doo! Ciertamente, y centrándome exclusivamente en estos títulos, el paralelismo conceptual con The Dark es hasta obsceno. Y no me estoy refiriendo a plagio, ¡no es que The Dark sea original!, hablo precisamente de ausencia de originalidad.
Insisto, la película está bien realizada, la ambientación es buena, el ritmo es bueno, la fotografía es buena, la actuación de Belén Rueda está bien (el papel de Fernando Cayo me parece más bien discreto). Pero argumentalmente, para aquellos que disfrutamos un poco del género de terror, es un deja vù cinematográfico continuo. Y estoy convencido de que tendrá su éxito en taquilla porque, dado el buen planteamiento marketiniano, en particular debido al tirón de la marca Del Toro gracias al éxito de la excelente El Laberinto del Fauno, va a arrastrar a las salas a público no acostumbrado a este tipo de cine, que ni sabrá lo que es The Dark, ni Dark Water, ni probablemente habrá visto ni El Espinazo del Diablo ni ninguna otra pélicula parecida, y que por tanto saldrán agradados por una buena filmación y sorprendidos por su original argumento.
Finalmente, y a pesar de haber sido tan ácido como creo que era necesario, es de verdad de agradecer la apuesta por cine con sello español/hispano de calidad, y la apuesta por el género fantástico, de suspense y de terror. Ojalá se siga por este mismo camino, que nos ha dejado en los últimos años auténticas joyas como Tesis (1996), Abre Los Ojos (1997), Los Sin Nombre (1999), Los Otros (2001), Darkness (2002) El Maquinista (2004) o la mismísima El Laberinto del Fauno (2006) y algunas cosas interesantes como El Arte de Morir (2000) o El Espinazo del Diablo (2001). Esta intentona de El Orfanato me parece fallida porque, insisto, no trae consigo ni una sola cosa nueva, pero se agradece la intención, espero que la próxima nos deje con la boca abierta.
Tengo dos entradas para el concierto de Herores del Silencio en Cheste, Valencia, el próximo sábado 27 de octubre que lamentablemente no voy a poder utilizar. Mi idea es recuperar el dinero, o al menos parte de él ¡Y que alguien pueda utilizar las entradas! Si te interesan deja un comentario con tu dirección de correo en el campo correspondiente y me pongo en contacto contigo.
¡Gracias!
Por cierto, me parece acojonante no poder ponerlas a la venta en ebay, como si fueran armas nucleares o algo así ¿Pero no se supone que estamos en una economía de libre mercado? ¿Comprar una casa por 150.000 € y venderla por 250.000 €, tres años después, está bien, pero recuperar el dinero de unas dichosas entradas está mal? ¡Qué hipócrita sociedad!
Actualización: Las entradas ya tienen dueño. Gracias a los que se interesaron.
Cuando se fue La Hora Chanante nos dejó huérfanos de los divertidos personajes a los que tanto cariño habíamos cogido. Desde luego, dejarnos sin el genial y entrañable Superñoño, para traernos a un suplente, a un tal Enjuto Mojamuto, que ni el nombre gusta, es un tanto decepcionante. El tal Enjuto ni sombra puede hacerle a Superñoño, eso está claro. Pero eso sí, y aunque Joaquín Reyes y compañía tengan la difícil tarea de tener que copiarse a ellos mismos, está claro que la genialidad no la han perdido. Y me encuentro con este genial vídeo, 100% chanante, que hace que retome mi fe chanante.
Tengo grabado a fuego un recuerdo de cuando tenía unos cinco o seis años, no recuerdo exactamente la edad a la que corresponde, pero fue en primero de EGB. Estábamos en la fila en el patio del colegio, y un chico de segundo se me acercó expresamente para decirme: - ¡Oye! ¡Tú! ¿Estás en primero? - Sí - Le contesté. - ¡Pues cuando llegues a segundo te vas a cagar!
Claro, en ese momento, y con una edad en la que no tienes en absoluto capacidad de razonamiento, ciertamente me acojoné. Y recuerdo que me llegué a plantear: ¡Joder! ¿Y podré superarlo?
Con los años, rememorar esta situación me hizo mucha gracia. Me parece una anécdota muy divertida y ciertamente entrañable.
Ahora, con el tiempo, la entiendo en su contexto, y más allá de ser verdaderamente una anécdota entre niños, me parece una situación muy significativa.
En España se adora el victimismo.
Es más, a falta de otras cosas de las que hacer gala, es incluso un buen motivo del que jactarse. – ¿Dices qué tu hipoteca es alta? ¡Pues la mía no veas! – ¡Eso no es nada! ¡Mi jefe es mucho peor! – ¡Qué difícil mi oposición! ¡Lo tengo complicadísimo! – ¡Buf! Cuando termine la carrera no hay trabajo ¡O está mal pagado! Y etc, etc, etc. Ejemplos los tenemos a puñados todos los días en todos los medios y en todos los entornos. Y al margen de que existan problemas reales, como el precio de la vivienda, ¿hace falta comunicarle en todo momento y a todo el mundo lo jodido que estás con tu hipoteca? ¿y especialmente que tú estás más jodido que los demás?
Ni tan siquiera podemos decir que sea solidaridad. No. Es victimismo. Supongo que el ánimo de todo esto es tener excusas prefabricadas para cualquier situación, que traten de eludir tu responsabilidad de tus propios problemas. Muchos de los cuales te los habrás buscado tú solito a base de poco esfuerzo. O también está esa ridícula concepción de querer ser más por tener “mayores” problemas.
Me ha venido la anécdota a la memoria, al leer un artículo en el que se afirma que, en general, los estudiantes universitarios están atocinados. Yo no puedo estar más de acuerdo. Pero he pensado: “¡Madre mía!, a éste le puede llover de todo por decir esto”.
Y he recordado, que lo más importante del victimismo generalizado, es que los que participan en él hacen piña, y no permiten que nadie eche por tierra sus maravillosas excusas. Que nadie saque a la luz el verdadero motivo de sus fracasos.
Actualización: Recomiendo esta lectura, una aportación muy buena sobre el mismo tema.
Vivimos en una sociedad que tiene en el consumo su santo grial. Es el círculo vicioso del capitalismo, el cual no se sabe donde empieza ni donde acaba, pero que consiste básicamente en mantener a la población obsesionada en desear más y mejores cosas, provocando con este consumismo voraz la perpetuación de un sistema económico de producción y consumo.
El sistema hace ricos a unos pocos, ofrece calidad de vida a unos cuantos (en el llamado “occidente”) y condena a la peor de las miserias a la inmensa mayoría. Por supuesto, los ricos y poderosos se encargan de perpetuar un modo de vida que les beneficia, manteniendo del lado del sistema a la clase media, y concentrando por tanto todo el poder económico.
Entre tanto, el planeta no da más de si, puesto que para mantener todo esto se requiere de una expoliación continua y sin contemplación de los recursos naturales. Estos recursos no solo son limitados, sino que a día de hoy son absolutamente insuficientes para nuestras exigencias consumistas. Basta decir que para el año 2050 la humanidad necesitará anualmente el doble de recursos de los que es capaz de producir el planeta. No hay que ser demasiado inteligente para saber que una locura así solo puede terminar de una manera.
Hay que cambiar todo esto, y solo se me ocurre una forma: informando y educando. Por eso, más allá de modas pasajeras, aplaudo iniciativas como la del Blog Action Day, para llamar la atención de la adormecida población, o como la decición del Gobierno de España de difundir el documental Una Verdad Incómodaen escuelas e institutos (sea con ánimos electoralistas o no, me da igual, el caso es hacerlo). Por supuesto hace falta muchísimo más, pero cualquier iniciativa que trate de concienciar sobre lo que está pasando es buena.
En un mundo en el que las diferencias nos separan constantemente, y donde tanta falta hace el sentido común, es imprescindible la existencia de personas capaces de acercar criterios enfrentados y aportar serenidad y sentido entre tanta discrepancia. Carlos Llamas, además de excelente comunicador, era capaz de hacer esto de una manera muy especial, con una tolerancia y una cordialidad exquisita, pero con contundencia, si era necesario. Pero no la contundencia inquisitorial a la que históricamente estamos acostumbrados, su contundencia era serena, argumentada, con la lógica aplastante y el buen criterio como aval de sus palabras. A su discurso solía seguirle un silencio que atestiguaba que ni unos ni otros podían hacer frente a su sensatez. Pero, no porque impusiera su razón, sino porque dejaba expuesta la razón individual de cada uno a los infinitos matices que tiene nuestra existencia, demostrando que la razón no es jamás cosa de un único individuo, ni de una única ideología, ni mucho menos teología.
Para mi, en medio de este desquiciado mundo, sus palabras fueron durante muchas noches la dosis de sentido común que me ayudaba a recuperaba parte de la fe perdida durante la jornada.
Se ha ido uno de los mejores, pero vivirá en nuestra memoria.