Nacionalismos
Un nacionalismo per se no admite ser englobado dentro de otro nacionalismo.
Pero, como me comentaba esta semana mi colega Miguel, la primera norma de supervivencia de todo nacionalismo es no admitir micro-nacionalismos.
La proclama es: Somos diferentes, pero entre nosotros ¡tenemos que ser todos iguales! De otra manera ¡se jode el invento! Si un nacionalismo triunfa dentro del territorio de otro, éste se resquebraja.
De tal manera, un nacionalismo interno es inadmisible. También lo es que un nacionalismo te anule, englobándote ¡Ni dentro ni fuera!
Conclusión: Los nacionalismos no transigen con los nacionalismos.
La única excepción aparece cuando dos o más nacionalismos no comparten objetivos, en cuanto a territorios. En ese caso se admiten, se respetan. Incluso pueden llegar a solidarizarse si se encuentran dentro del área de influencia de otro que los engloba. Hasta pueden unir sus fuerzas en contra de éste último con tal de lograr su individual objetivo (Todo esto me parece como una aplicación irracional de la teoría de conjuntos que dábamos en el cole)
Todo nacionalismo quiere ser el último eslabón en la cadena de fragmentación del territorio. Se supone que la población tiene que asumir la identidad nacional que éste dicte cual dogma de fe. Hasta aquí hemos llegado, eres de aquí, ¡pero de ningún sitio más!
Los nacionalismos suponen sembrar diferencias entre las personas. Dibujar fronteras en la tierra. Aislamiento. Fragmentación. Pero como proceso de fragmentación de las gentes y los territorios ¿Dónde estaría el límite? En teoría, la última fase sería el aislamiento del individuo, en la cual, el término apropiado para referirse a ella ya no sería nacionalismo, sino, por definición, egoismo y egocentrismo. Cualquier nacionalismo, por mucho que lo quieran pintar como amor a tu tierra, se trata de eso mismo, pero a gran escala.
10 comentarios Septiembre 25th, 2006