Inmigración en Canarias
Durante los últimos meses han llegado miles de emigrantes en pateras y cayucos a Canarias.
Es muy triste comprobar como ninguno de los distintos actores, políticos, institucionales, mediáticos y sociales hacen nada medianamente bien. Ni tan siquiera mienten bien. Por supuesto debemos salvar de la quema a aquellas organizaciones y voluntarios, sin ánimo de lucro, como cruz roja, que están actuando, atendiendo a estos inmigrantes, a pie de playa y en su periplo por las islas, proporcionándoles alimentos, ropa, atención sanitaria, psicológica y legal. Tendiendo una mano para ayudar, en gran medida, a palir su sufrimiento (cuando les dejan).
Analizando un poco la situación, en primer lugar, y lo más preocupante con lo que nos encontramos, es el tratamiento que se está dando a los acontecimientos por todas las partes implicadas. El cual es la principal causa del ambiente viciando que se está viviendo y de la tesión creada.
Es claro y evidente que se trata de un problema social. Y que afecta a la sociedad canaria en su conjunto, por el drama tangible que supone que esto esté ocurriendo en nuestra tierra. No obstante, el enfoque, cási unánime sobre el asunto, se resume en: “esto que está pasando, afecta mucho a los canarios“. Entre el popurrí de perlas que se puede oir, aquí y allá, tenemos cosas como: traen enfermedades, van a traer delincuencia, no vienen a trabajar, que se queden en su casa. Supongo que es la misma bienvenida que esperaban (y tuvieron) los miles de emigrantes canarios que tuvieron que huir a Venezuela el siglo pasado. Por supuesto, “eso era diferente”, claro que era diferente, ¡y tan diferente!, en aquella ocasión éramos nosotros los que necesitabamos la ayuda. Resumiendo, los verdaderos afectados somos nosotros, los pobrecitos canarios, que tenemos que soportar que nos venga ahora esta gente.
Especialmente preocupante los brotes xenófobos, como el caso ocurrido ayer en Garachico, donde más de cien vecinos protestaban por la acogida de 30 inmigrantes, menores de edad, en el albergue de Cruz Roja del municipio. Triste asímismo la reacción del alcalde, Ramón Miranda (CC), que alzó su voz en defensa de los intereses de los vecinos, personas mayores, cuyo sosiego iba a verse alterado por la llegada de estos niños inmigrantes. Eso sí, se trató de recalcar que esa manifestación espontánea no se trató de un acto racista. Pero, eso sí, que se los lleven bien lejos, ¿Verdad?
Ni que decir tiene que para nada ayuda la llamada a la calma de Rodríguez Zapatero, cuando éste afirma que Canarias no está desbordada por la llegada de los inmigrantes. Me gustaría saber quién está asesorando en este caso al señor presidente, porque flaco favor le está haciendo. Y si fueron declaraciones motu propio y con información veraz en la mano, estaría bien saber a que triste infeliz pretende engañar.
Y bueno, para que hablar de la estelar aparición de Acebes para relacionar directamente, y sin paliativos, inmigración con delincuencia organizada. «Estas avalanchas han convertido en un coladero nuestras fronteras. Lo están aprovechando las bandas de delincuentes para introducirse en España.» ¿Qué se puede decir? El PP en su línea.
Y a todas estas, con nuestras preocupaciones internas, de que nos contagien de algo (de pobreza, será), ¿Y el terrible drama humano de esta gente? ¿Es que nadie lo contempla como el epicentro del problema? ¿No queda todo lo demás en segundo plano?
Pues no, la solución propuesta por PP, y secundada por CC, en el parlamento canario, es que el ejército blinde las costas con patruyeras. Pero, ¿Con qué propósito? ¿Hundirlos en alta mar? ¿Hacerlos regresar a mitad de camino?, ¡No! Parece ser que para prestar ayuda humanitaria y devolverlos a su país de origen. Sí, a mi también la palabra blindar me había sonado a ayuda humanitaria.
68 comentarios Mayo 25th, 2006